I.
El inflador en el piso y Monías mira;
otros ojos, orejas y bigotes están alrededor.
Solito el inflador, manyadamente
haciéndose brillar ante la ausencia.
Los ojos espejados no reflejan
ni a los llorosos ni a oreja poderosa.
Hacia un solo lugar marchan los pasos
del trío de voluntades y sin ellas.
El lugar es afuera.
II.
No en la boca del subte. No en el terco
lugar que le negaba al Motorito
la turbia dicha ajena de la dicha
que no era para él.
No en la carnicería. No en el traje.
No en rincones umbríos del barquito
que refugió de todo y para todo. No en colinas,
tuvieran éstas la forma que tuvieran.
Debajo de un sombrero no, y no escondida
jugando al junco en la jungla de gordos.
No sobre un hueso grande que levita
ni bajo un río de helado. No.
No encubierta en capítulos pasados.
El afuera
que de veras transmite al otro lado
es el del más allá de la burbuja
que no puede romper el afilado
filo del férreo cuchillo Motorito.
No hay esgrima, brutal ni delicada,
que lo pueda rasgar. Es otra cosa
lo que el paso reclama.. Un general
(un General Hurtado) va y recoge
del paso lo que haga pasar: es esa hoja,
tan inútil para toda otra cosa,
de ese falso puñal. Un torpe gesto
y la puerta se abre: ahí va Monías,
ahí también se va Tonto Mutante,
Hurtado el general cierra la marcha:
se toma el tiempo justo
de regar lacrimoso un sombrerito;
le da un beso y se va.
(aquí va la palabra,
la que anula el final)
domingo, 4 de marzo de 2007
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2 comentarios:
Cómo ha crecido Monías, qué lo parió. Y pido a gritos que alguien lo dibuje, che, le quiero ver la carita. Nine padre estaría perfecto, pero Nine hijo me gustaría aún más. Y sino, contratálo a Ricardo Villagran y decí que es todo concepto.
Salutes
No sabés en la que te metiste: ya mismo empiezo la campaña de acoso Ninesco, spameándole tu comentario hasta el cansancio.
Gracias por pasar, don Agrimbau.
Grandes saludos,
L M
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